Foto del Ávila desde el Sector Las Mecedes. Cortesía: Vanessa Ertl.

Las Montañas son Templos Sagrados…

Panorámica desde el Picacho Galipan. Parque Nacional Waraira Repano. Foto: Keiber Falcón.
Panorámica desde el Picacho Galipan. Parque Nacional Waraira Repano. Foto: Keiber Falcón.

El Hombre (en sentido universal) necesita el contacto con la naturaleza, con el mar, con el bosque, con el cielo azul, con el río, con el olor de la tierra y su húmedad, con la neblina, con la oscuridad de la noche y las estrellas, con el canto de los lobos, con el altivo Gavilán en la arena de una playa, con los pelícanos curiosos, con cada criatura gentil. La Civilización nos ha ido quitando todo eso, sólo estamos nosotros: nuestros problemas, nuestras necesidades, solos y dejando de lado la voluntad de obsequiarle a nuestro espíritu momentos sagrados de retiro y satisfacción espiritual.

Ávila2Cuenta la Leyenda que el Cacique Naiguatá (que significa “desde lo alto”),  epónimo indígena del pico más alto de la Cordillera de Caracas ó Waraira Repano hizo prisionero a un conquistador que mató a una gaviota con su espada sin saber que era considerada un animal sagrado por los nativos. Esa profanación le costaría la vida, pero cuenta la historia que Naiguatá subió a la montaña en soledad para esperar una señal del cielo, y al escuchar el graznido de unas gaviotas que volaban en bandada sintió un clamor sagrado para perdonarle la vida al español. Y así lo hizo liberándolo después de esa revelación. Esa hermosa leyenda nos enseña que la naturaleza en las montañas nos transmite señales profundas para aclarar nuestras mentes y nuestros sentimientos, elevando así nuestro estado de conciencia.

Cordillera de los Alpes. Europa.
Cordillera de los Alpes. Europa.

Así mismo desde lo alto de una montaña relataba el filósofo Friedrich Nietzsche que allá en Alemania tenía grandes encuentros con lo fáustico y lo apolíneo, con lo espiritual y lo mundano, con ditirambos poderosos como el auge y caída wagneriano de la valkirias y que para ello empleaba largas horas de subida a una cima transalpina. De manera que hay que obsequiarse unos instantes de reflexión para percibir la fuerza del orden y el caos en pugna y apreciar la armonía profunda de todas las cosas en esos santuarios que son las montañas.

La naturaleza es como un gran templo. Allí se puede absorber una energía positiva. Por eso siento a veces la necesidad de acercarme a algún templo  y no para iniciarme en alguna religión en sí porque ninguna me persuade -aunque las estudio en lo posible y las respeto-, sino conectándome con la fuente, con su carga positiva que emana una profunda espiritualidad: una Sinagoga, una Mezquita, una Iglesia, una Pagoda, son sitios donde hay una conexión con lo Sacro, lo Santo, lo Sagrado, y todo ello emana una energía muy pura y similar a una montaña. Los templos son solemnes y sagrados y una montaña es un templo. El sentido de la existencia de Dios es encontrar el sentido de uno mismo, el sentido de la vida y de todas las cosas. El Gran Arquitecto del Universo construye con fino cuidado cada cosa, cada forma de vida, cada civilización que puede verse desde lo alto.

En el África el Kilimanjaro significa «la Casa de Dios», el gran Buda de Leshan es la estatua de Buda más alta del mundo esculpida sobre roca  y dicen los nativos: «La montaña es Buda y Buda es la montaña».

Jesús en el Monte de los Olivos. Israel.
Jesús en el Monte de los Olivos. Israel.

Las montañas son sagradas, y tienen un profundo sentido espiritual: Moisés recibió las tablas de la Ley Sagrada en una Montaña según la tradición Judía. En el antiguo Irán cuenta la leyenda que el gran profeta Zoroastro bajó un día de una montaña a predicar sus enseñanzas y volvió a subir a la montaña, igualmente Jesús después de dar su gran mensaje a la humanidad en el “Sermón de la Montaña” donde predicó las Ocho Bienaventuranzas para poco después ascender al cielo -según la biblia- en el Monte de los Olivos que es sagrado para las tres grandes religiones: el Judaísmo, la Cristiandad y el Islam.

Protejamos las montañas, hay que preservar todo lo que hay en ellas como grandes santuarios de Paz. Bastaría que en una ciudad como Caracas de vez en cuando subamos la mirada para observar nuestra montaña y darle el respeto que merece, percibir lo hermoso que Dios ha puesto ahí y durante esas colas estrepitosas reflexionar que lo malo … lo hemos hecho nosotros, porque ésta, sigue siendo nuestra Tierra de Gracia.

De manera que hay que obsequiarse unos instantes de reflexión para percibir el orden, el caos y la armonía profunda de todas las cosas en esos santuarios que son las montañas.

Paz y armonía para todos en el Mundo.

Que Así Sea…

Fin del Discurso.

Arquímedes Rivero Marconi (2016). 

Tus comentarios son importantes...